Por la enfermera Anette Kjær Seidler, Seidlerprivatecare.dk
Independientemente de la edad, mantenernos activos es crucial para nuestra salud física y mental. Un agradable paseo por la naturaleza puede hacer maravillas para todos, y se encuentra entre las principales cosas que las personas asocian con calidad de vida.
La calidad de vida no solo significa estar libre de enfermedades graves, sino también disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como un paseo por la naturaleza. Las investigaciones han demostrado que las experiencias en la naturaleza estimulan nuestros sentidos, mejoran el estado de ánimo y reducen directamente el estrés, ya que los niveles de cortisol disminuyen cuando estamos al aire libre. Estar en la naturaleza nos permite sentirnos parte de ella a través de nuestros sentidos. Esta conexión innata genera calma y equilibrio en nuestro ser.
El efecto rehabilitador de la naturaleza en el estrés, la depresión, la ansiedad, el TEPT, la demencia y muchas otras afecciones está ganando cada vez más reconocimiento. Tanto jóvenes como mayores pueden necesitar ayuda para recuperar fuerza y movilidad después de, por ejemplo, una lesión, operación u hospitalización. Cuando estamos en un proceso de rehabilitación, puede ser necesario recurrir a distintos tipos de ayudas durante un tiempo más o menos prolongado.

Un ejemplo de la vida real:
Visito a Ida (nombre ficticio) como enfermera privada y me han informado de que tiene dificultades para caminar tras una operación de cadera. Mi tarea es apoyar la rehabilitación de Ida. Vive en una hermosa área llena de naturaleza que solía disfrutar mucho. Sus dificultades al caminar son evidentes y se moviliza en su apartamento con ayuda de un andador. Se nota que la falta de rehabilitación ha afectado su marcha. Durante nuestra conversación inicial sobre su rehabilitación, Ida se muestra muy escéptica y le cuesta creer que pueda volver a caminar con seguridad por su cuenta. La idea de caminar sola nuevamente le provoca ansiedad.
En esa primera charla, me cuenta que no ha salido de su apartamento en más de tres meses, en parte debido a sus dificultades para caminar y a la falta de una red de apoyo. Consciente de lo importante que es para nuestra salud mental estar al aire libre y relacionarnos con otras personas, gestioné el alquiler de una silla de ruedas y fui a recogerla ese mismo día. Vestí bien a Ida y la llevé a disfrutar del hermoso entorno que rodea su hogar. Las lágrimas rodaban por su mejilla, no por el clima, sino por la alegría de sentir el viento en su cabello, el sonido de los patos en el lago, las hojas al viento, el aroma de la tierra y las risas de los niños jugando en el parque. Después de este paseo, Ida está mucho más motivada para su rehabilitación. Sus ojos brillan al pensar en volver a caminar al aire libre.
Hoy en día, Ida está bien rehabilitada, la silla de ruedas ha sido devuelta y disfruta nuevamente de la naturaleza a diario, apoyada por su andador, sus músculos recuperados y ese maravilloso entorno natural.
