Por el especialista en geriatría Mikkel Ibsen, Ældrelægen.dk
Para muchos mayores, la nutrición va perdiendo importancia en su día a día. El apetito ya no es el mismo, a veces se saltan comidas y el peso disminuye poco a poco. Esto suele ocurrir sin que uno se dé cuenta.
Pero una pérdida de peso lenta e involuntaria no es inofensiva.
Cuando el cuerpo no recibe la nutrición adecuada, comienza a consumir sus propios recursos. El primer afectado es la masa muscular. Esto implica menos fuerza, peor equilibrio y un mayor riesgo de caídas. A la vez, el sistema inmunológico se debilita, lo que hace que las infecciones sean más fáciles de contraer y más difíciles de superar. Muchas personas terminan con más hospitalizaciones y un descenso general en su nivel funcional.
Como médico para la tercera edad, frecuentemente veo que este proceso comienza de manera sutil, pero conlleva grandes consecuencias a lo largo del tiempo.
Después de una enfermedad, el cuerpo es especialmente vulnerable. Necesita más energía y proteínas para recuperarse. Si además el apetito es bajo, resulta difícil satisfacer estas necesidades, y las cosas pueden empeorar rápidamente.
Hay varias razones naturales por las cuales se hace más difícil comer lo suficiente a medida que uno envejece. Muchos experimentan una disminución del apetito. Los sentidos del gusto y olfato se debilitan, por lo que los alimentos ya no generan la misma atracción. Las comidas pierden parte de su disfrute. Para algunos, la soledad también juega un papel importante; comer bien es mucho más difícil cuando se está solo.
Todo esto es común, pero tiene su importancia.
Por eso es fundamental estar atento a nuestro peso y actuar si comienza a bajar. La nutrición no es solo “algo sobre la comida”, es una base esencial para mantener la fuerza, la independencia y la calidad de vida.
Podemos considerar la nutrición como parte de nuestro tratamiento, al igual que la medicación diaria.
Aquí tienes algunos consejos prácticos para asegurar una buena nutrición:
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Controla tu peso
Pésate regularmente. Una pequeña pérdida de peso con el tiempo puede ser crucial detectarla a tiempo. -
Consume comidas pequeñas y frecuentes
Si el apetito es bajo, puede ser más fácil comer poco a poco —por ejemplo, 5–6 comidas pequeñas al día. -
Elige alimentos ricos en energía y proteínas
Huevos, lácteos, carne, pescado, nueces y legumbres son buenas opciones. Lo importante es aprovechar al máximo lo que comes. -
Enriquece tu comida
Añade nata, mantequilla, aceite o queso rallado para aumentar el contenido energético sin aumentar el tamaño de las porciones. -
Haz que los platos sean atractivos
El sabor, el aroma y la apariencia importan más de lo que crees. Pequeños cambios pueden aumentar las ganas de comer. -
Come en compañía
Las comidas suelen ser mejores cuando se comparten. Puede ser con familia, amigos o en comidas comunitarias. -
Usa bebidas nutricionales si es necesario
Para algunos, complementar con bebidas nutricionales preparadas puede ser de gran ayuda. -
Consulta a tu médico
Ante una pérdida de peso sostenida o falta de apetito, es importante investigar si hay una causa subyacente.
Lo más importante es la conciencia. Si notas que tu peso disminuye, es crucial no dejar que continúe. Una intervención temprana marca la diferencia.
Una buena nutrición no solo evita el hambre. Se trata de conservar fuerzas, resistencia y la posibilidad de vivir una vida activa.
Y al igual que con los medicamentos, solo funciona si se toma a diario.
