Nuevas investigaciones han identificado una relación clara entre la pérdida auditiva no tratada y el riesgo de demencia. Por suerte, una intervención adecuada puede transformar la salud de tu cerebro.
A medida que pasan los años, muchos de nosotros asumimos que la audición se debilitará poco a poco. Subimos un poco el volumen del televisor o pedimos a los nietos que hablen más claro. Todo esto suele considerarse algo inofensivo y natural del envejecimiento. Sin embargo, investigaciones recientes demuestran una conexión mucho más preocupante: no tratar la pérdida de audición incrementa el riesgo de desarrollar demencia. Descubre más en este artículo de la Asociación de Alzheimer[1]
En Seidler Private Care, acompañamos cada día a mayores en sus propios hogares. Nuestra labor va mucho más allá de la ayuda práctica: trabajamos para garantizar bienestar, salud mental y un entorno seguro. Por eso este tema nos resulta tan importante.
Pero ¿cómo puede afectar algo que ocurre en los oídos la capacidad cognitiva del cerebro? Los estudios señalan tres causas principales:
1. El cerebro bajo presión
Cuando perdemos audición, el cerebro necesita invertir una gran cantidad de recursos simplemente para captar, descifrar e interpretar los sonidos y palabras que escuchamos. Esa energía se resta a otras funciones vitales como la memoria, la concentración y la capacidad de organizarse. Así, el cerebro entra en un estado de sobreesfuerzo continuo, lo que acelera el deterioro cognitivo con el tiempo.
2. El aislamiento social agota la mente
Cuando seguir una conversación en la mesa o durante las reuniones familiares se hace difícil, muchas personas mayores terminan, casi sin darse cuenta, aislándose. Resulta agotador sentirse fuera de lugar, incluso estando rodeado de quienes más quieres. El aislamiento social es uno de los mayores y más conocidos factores de riesgo para la demencia. El cerebro necesita la estimulación social para mantener activos sus circuitos, igual que un músculo necesita ejercitarse.
3. Falta de estímulo en las áreas cerebrales responsables del sonido
Cuando al cerebro le llegan menos estímulos auditivos, las zonas encargadas de procesar el sonido quedan poco estimuladas. Esta carencia puede provocar el adelgazamiento del tejido cerebral —lo que se denomina atrofia— favoreciendo el desarrollo de enfermedades asociadas a la demencia.
La buena noticia: los estudios reflejan que el riesgo disminuye notablemente en cuanto se trata la pérdida auditiva. Así, un audífono es mucho más que escuchar el canto de los pájaros: es ejercitar el cerebro y prevenir la demencia.
Nuestros consejos en Seidler Private Care
El desafío de la pérdida auditiva es que suele aparecer de forma progresiva, y generalmente son los familiares quienes la detectan primero.
Si tú o un ser querido tiende a apartarse de las conversaciones, parece fatigado tras reuniones sociales o suele malinterpretar los mensajes, es muy recomendable revisar la audición. Un pequeño paso puede suponer un gran cambio. En nuestra atención diaria, estamos siempre atentos a estos signos, ya que una vida digna y segura en la vejez implica cuidar a la persona en su totalidad: tanto los oídos como el cerebro.
Referencias
- Alzheimer.dk. (2024). Sammenhæng mellem høretab og demens. alzheimer.dk
