Buenos consejos para el cuidado suave del jardín: Cómo atender el jardín sin dolor

 

La jardinería es un placer lleno de vida y trae beneficios tanto al cuerpo como a la mente. Sin embargo, las rodillas, la espalda y los hombros pueden limitarte, especialmente con el paso de los años. Aquí te compartimos consejos prácticos sobre cómo cuidar de ti mismo mientras disfrutas de tu jardín.

Cuando la primavera florece en su máximo esplendor, resulta tentador ponerse a trabajar con las manos en la tierra. ¡Y no es para menos! La jardinería es excelente ejercicio: fortalece los músculos, te permite respirar aire fresco y proporciona una sensación de calma difícil de encontrar en otros ámbitos.

El desafío es que el cuerpo no siempre acompaña ese entusiasmo, sobre todo al inicio de la temporada, cuando pasamos de un invierno sedentario a muchas horas de deshierbar, cavar e inclinarse. Es común experimentar dolor de espalda, tensión en el cuello o molestias en las rodillas, y esto puede desanimar rápidamente. Pero no tiene que ser así.

Prepara tu cuerpo antes de empezar

Esto aplica especialmente en primavera, cuando llevas meses sin realizar estos movimientos. Muchas lesiones en el jardín no aparecen porque la tarea sea demasiado pesada, sino porque el cuerpo no está adaptado a ellas.

Buen consejo

Coloca un temporizador para recordarte tomar descansos. Una regla simple es cambiar de postura o tarea aproximadamente cada 15 minutos. No es falta de ganas, es lo que te permitirá volver al día siguiente.

La postura es clave

Evita trabajar inclinado hacia adelante durante mucho tiempo seguido. Esa postura es la que más desgasta la espalda y el cuello, y aunque es difícil evitarla por completo en el jardín, puedes hacer mucho para reducir su impacto.

Una de las mejores estrategias es sentarte cuando trabajes cerca del suelo, en vez de mantenerte inclinado. Al sentarte, alivias las rodillas y evitas la postura que más sobrecarga la zona lumbar. Si además cuentas con algún apoyo para ayudarte a levantarte, protegerás aún más tu cuerpo del esfuerzo innecesario.

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Haz que el jardín trabaje a tu altura

Invertir en elevar tu zona de trabajo puede ser una de las mejores decisiones para cuidar tu espalda. Los huertos elevados de 50–70 cm te permiten mantener la espalda recta y evitan las inclinaciones profundas que tanto afectan la zona lumbar. Los arbustos frutales altos como grosellas, grosellas espinosas y grosellas negras ofrecen el mismo beneficio y los encuentras fácilmente en viveros y centros de jardinería.

También puedes reducir el deshierbe eligiendo las plantas adecuadas. Las plantas perennes como las anémonas de otoño, hostas y lirios de día requieren poco mantenimiento y ayudan a controlar las malas hierbas. Colocar una manta geotextil bajo la cubierta de corteza es una inversión que ahorra muchas horas de trabajo de rodillas.

¿Sabías que...?

Las macetas con ruedas se mueven fácilmente sin necesidad de levantarlas. Coloca piñas en el fondo en vez de piedras para el drenaje: así serán más ligeras. Mejor aún, ponlas en una maceta de plástico dentro de una de barro para facilitarlas aún más.

Elige las herramientas adecuadas

Las buenas herramientas de jardinería marcan la diferencia en tu bienestar después de trabajar. Opta por herramientas de mango largo, así podrás mantener la espalda recta. El mango debe tener un revestimiento antideslizante y ser suficientemente grueso para repartir el esfuerzo por toda la mano, y no sólo por los dedos.

Las herramientas eléctricas pueden ser útiles, pero prueba el producto antes de comprarlo. La batería puede hacerlas más pesadas que las versiones manuales, lo cual puede fatigar las muñecas y los hombros tras un uso prolongado.

Un recogedor con mango largo es una herramienta muy valiosa y poco apreciada: permite recoger objetos y llegar a las camas sin agacharse, evitando muchas inclinaciones innecesarias durante una jornada de jardinería.

Cuida de tus manos y dedos

Tus manos son la herramienta más valiosa del jardín, así que protégelas bien. "Detente a tiempo" es una buena norma: necesitas tus manos el resto del día.

Intenta utilizar ambas manos siempre que sea posible, así distribuyes el esfuerzo y cuidas las articulaciones. Unos buenos guantes de jardinería con protección acolchada cuidan la palma y reducen las vibraciones de las herramientas. Si tienes artritis, una muñequera ligera puede aportar soporte adicional durante el trabajo.

Buen consejo

Coloca un banco o una silla en el jardín, para que tengas un lugar donde descansar. Así podrás hacer pausas y disfrutar de lo que has logrado. Si te ayuda, programa una alarma para acordarte de tus descansos.

¿Cuándo pedir ayuda?

Un poco de molestia que desaparece en un día es normal. Pero si tienes dolores persistentes que empeoran o no mejoran tras unos días, consulta con tu médico o un fisioterapeuta. Lo mismo si sientes un dolor agudo repentino después de levantar algo.

Recuerda que en muchos casos, el municipio puede ofrecerte ayuda con las tareas del jardín si ya no puedes hacerlo tú mismo. Vale la pena informarte sobre qué tipo de apoyo podrías tener derecho.

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